
Oración para el Sínodo:
Adsumus Sancte Spiritus
Estamos ante ti, Espíritu Santo,
reunidos en tu nombre.
Tú que eres nuestro verdadero consejero:
ven a nosotros,
apóyanos,
entra en nuestros corazones.
Enséñanos el camino,
muéstranos cómo alcanzar la meta.
Impide que perdamos
el rumbo como personas
débiles y pecadoras.
No permitas que
la ignorancia nos lleve por falsos caminos.
Concédenos el don del discernimiento,
para que no dejemos que nuestras acciones se guíen
por perjuicios y falsas consideraciones.
Condúcenos a la unidad en ti,
para que no nos desviemos del camino de la verdad y la justicia,
sino que en nuestro peregrinaje terrenal
nos esforzemos por alcanzar la vida eterna.
Esto te lo pedimos a ti,
que obras en todo tiempo y lugar,
en comunión con el Padre y el Hijo
por los siglos de los siglos. Amén.
El Papa Francisco está convocando al Pueblo de Dios a participar en el Proceso Sinodal, el cual nos invita escuchar los unos a otros para discernir lo que Dios nos dice a todos.
La palabra sínodo, derivada de los términos griegos σύν (que significa “juntos”) y ‘οδος (que significa “camino”), significa “caminar juntos.” Remite por lo tanto al Señor Jesús que se presenta a sí mismo como “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6), y al hecho de que los cristianos, sus seguidores, en su origen fueron llamados «los discípulos del camino» (cfr. He 9,2; 19,9.23; 22,4; 24,14.22).
“La sinodalidad designa ante todo el estilo peculiar que califica la vida y la misión de la Iglesia expresando su naturaleza, como el caminar juntos y el reunirse en asamblea del Pueblo de Dios convocado por el Señor Jesús en la fuerza del Espíritu Santo para anunciar el Evangelio. Debe expresarse en el modo ordinario de vivir y obrar de la Iglesia.”
(Vademécum para el Sínodo sobre la sinodalidad)
El Papa Francisco clarifica los dos objetivos interrelacionados de este proceso de escucha: “escucha de Dios, hasta escuchar con él el clamor del pueblo; escucha del pueblo, hasta respirar en él la voluntad a la que Dios nos llama.' ”
(Discurso en la ceremonia de conmemoración del 50º aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos (17 de octubre de 2015)
La escucha es el método del Proceso Sinodal, el discernimiento es el objetivo y la participación es el camino.
¿Cuál es el tema?
“El tema del Sínodo es “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. Las tres dimensiones del tema son la comunión, la participación y la misión. Estas tres dimensiones están profundamente interrelacionadas. Son los pilares vitales de una Iglesia sinodal. No hay un orden jerárquico entre ellas. Más bien, cada una enriquece y orienta a las otras dos. Existe una relación dinámica que debe articularse teniendo en cuenta los tres términos.”
(Vademécum para el Sínodo sobre la sinodalidad)
¿Qué fases va a tener el sínodo?
Este sínodo se articula en tres fases: una diocesana, una continental y una final, en la que participan obispos de la Iglesia universal:


Las siguientes actitudes pueden ayudar a los participantes (cfr. ChristusVivit):
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Una mirada innovadora: Desarrollar nuevos enfoques, con creatividad y una cierta dosis de audacia.
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Ser inclusivos: Una Iglesia participativa y corresponsable, que sabe apreciar la rica variedad y abrazar a todos aquellos que a menudo olvidamos o ignoramos.
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Una mente abierta: Evitemos las etiquetas ideológicas y utilicemos todas las metodologías que hayan dado sus frutos.
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Escuchar a todos sin olvidar ninguno: Aprendiendo los unos de los otros, podemos reflejar mejor la maravillosa realidad polifacética que está llamada a ser la Iglesia de Cristo.
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Entender el “caminar juntos”: Recorrer el camino que Dios llama a la Iglesia para el tercer milenio.
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Comprender el concepto de Iglesia corresponsable: Valorizar e involucrar el rol único y la vocación de cada miembro del Cuerpo de Cristo, para la renovación y edificación de toda la Iglesia.
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Llegar a las personas a través del diálogo ecuménico e interreligioso: Soñar juntos y caminar juntos con toda la familia humana.
Actitudes para participar en el proceso sinodal
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Ser sinodal requiere dedicar tiempo para compartir.
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La humildad en la escucha debe corresponder a la valentía en el hablar.
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El diálogo nos lleva a la novedad.
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Apertura a la conversión y al cambio.
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Los sínodos son un ejercicio eclesial de discernimiento.
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Somos signos de una Iglesia que escucha y que está en camino.
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Deja atrás los prejuicios y los estereotipos.
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Superar la plaga del clericalismo.
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Combatir el virus de la autosuficiencia.
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Superar las ideologías.
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Hacer nacer la esperanza.
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Los sínodos son un momento para soñar y “pasar tiempo con el futuro.”